Redefinir objetivos en el deporte
3 Claves para cambiar de enfoque
En el deporte, no siempre es posible que los equipos o deportistas cumplan con sus objetivos iniciales. A veces, la realidad del rendimiento, las circunstancias externas o la competencia hacen que las metas se conviertan en un desafío casi inalcanzable. En este contexto, tanto entrenadores como jugadores se enfrentan a algo muy complicado, mantener la motivación y el compromiso, incluso cuando las probabilidades están muy en contra.
Como psicólogo deportivo y deportista, he vivido estas situaciones y quiero compartir algunas estrategias basadas en la psicología deportiva que pueden ayudar a marcar la diferencia en estos momentos.
1. Redefinir el concepto de logro: Cambiar la narrativa
Uno de los errores más comunes cuando las cosas no van como se espera es seguir enfocados en un objetivo que ya no es realista, hasta que ya no hay marcha atrás y es muy tarde. Redefinir qué significa un logro, o éxito en esta situación puede ser un salvavidas emocional para el equipo.
Por ejemplo, en lugar de centrarse exclusivamente en lograr la permanencia, podría ser más productivo establecer metas intermedias, como mejorar un aspecto técnico-táctico, retarse a ganar un número de partidos a corto plazo o fortalecer la cohesión del grupo. Estas metas son más tangibles y alcanzables generando una sensación de progreso y cambio.
2. Fomentar el liderazgo compartido
Los entrenadores tienen un papel crucial como líderes del equipo. Es fundamental que mantengan una comunicación clara, cercana y optimista, pero sin caer en el falso positivismo. Reconocer las dificultades, pero también enfatizar los puntos fuertes del equipo, puede ayudar a reconstruir la confianza y motivaciones de los jugadores.
Aquí, la empatía también juega un rol clave para compartir liderazgo con los jugadores. Un entrenador que escucha y comprende las emociones de sus jugadores fomenta un entorno de confianza, donde las dificultades se perciben como retos compartidos y no como fracasos individuales.
3. Gestionar el estrés y construir una mentalidad de crecimiento
El estrés y la frustración son estados comunes en estos escenarios de máxima presión. Los entrenadores o cuerpo técnico pueden implementar técnicas de regulación emocional, como ejercicios de respiración o visualización, tanto en los entrenamientos como antes de los partidos.
Además, fomentar espacios donde los jugadores puedan expresar sus preocupaciones o emociones sin miedo al juicio es vital para liberar tensiones y fortalecer el vínculo grupal.
Por otro lado, construir una mentalidad de crecimiento ayuda a que los deportistas vean los errores y las derrotas como oportunidades para aprender.
Enfocarnos en el progreso, en situaciones concretas y limitadas puede ayudar a sentir control de la situación, se puede poner el énfasis en la mejora del rendimiento personal, trabajar en equipo para desarrollar habilidades tácticas concretas, situaciones específicas.
Por ejemplo, tras una derrota, el equipo podría analizar qué se hizo bien y qué se puede mejorar en base a aquello que se específico como objetivo, promoviendo un ambiente donde todos sientan que están avanzando, incluso en pequeños pasos.
Gestionar un equipo o como deportista individual en circunstancias de cambio de objetivos tan drásticos es un desafío que exige creatividad, resiliencia y un enfoque renovado en lo que significa “éxito”. Aunque los objetivos del inicio ya estén fuera de alcance, centrarse en los pequeños logros que dependan del equipo y celebrarlos es la clave para mantener la motivación y el compromiso.
Hacer que cada entrenamiento, cada partido o cada mejora sea una oportunidad para crecer y aprender ayuda a construir confianza y motivación, tanto individual como colectiva. Son estos pequeños pasos los que finalmente nos pueden ayudar a llegar a grandes resultados.
Si necesitas apoyo personalizado, y crees que te puedo ayudar no dudes en contactarme para acompañarte en este proceso.